lunes, 16 de enero de 2012

La música en el cerebro

¿Qué efectos tiene sobre nuestro cerebro la música?

La música tiene un efecto conmovedor en nuestra psique pero... ¿qué sucede en el cerebro cuando la escuchamos? Escuchar música provoca en nosotros emociones y sensaciones intensas y variadas, por su singular combinación de melodía, ritmo y armonía.



Tanto la música como el lenguaje se sustentan en una base estructural común en la corteza cerebral encargada de su procesamiento, para el que se requiere la participación de ambos lóbulos frontales y temporales. El hemisferio derecho realiza procesos simples, como la extracción del tono y el hemisferio izquierdo se encarga de los procesos más complejos como la organización melódica y rítmica.

Cuando escuchamos una música que nos resulta agradable al oído, nuestro cerebro libera dopamina, la cual genera las sensaciones placenteras e incluso escalofríos. La dopamina es el mismo neurotransmisor que se produce al ingerir algunas drogas o al practicar sexo, y provoca también cambios en la frecuencia cardíaca, en la respiración, la piel y la temperatura corporal. Así pues, obtenemos placer de la música de una forma comparable al que logramos con estímulos biológicos básicos.

Se afirma que la música es un lenguaje universal, pero ¿provoca el mismo efecto en todas las personas? En algunos experimentos se probó que al escuchar música de culturas ajenas, las personas podemos identificar correctamente cuál es la emoción que se transmite a través de ella. En cuanto a las sensaciones que dicha música provocaba, pudo comprobarse que en las diversas culturas se coincide en calificar la música como agradable o desagradable en función de las consonancias o disonancias que presenta.

Se han realizado estudios sobre las propiedades curativas del sonido y la música así como su influencia en la creatividad e inteligencia, de los que se deduce que por encima de las preferencias musicales de cada persona o de sus conocimientos sobre el compositor, la música de Mozart produce calma en el oyente de manera invariable, mejora su percepción espacial, su forma de expresarse, su creatividad y su aprendizaje, sobresaliendo entre todas las obras musicales por el impacto elevado que provoca en las personas, transmitiendo sentimientos de felicidad y perfección. A esta incidencia se le ha denominado: Efecto Mozart. Este efecto ocurre por las características de sus composiciones: Su particular ritmo rápido y vivaz influye sobre el sistema nervioso y las frecuencias más agudas estimulan áreas del lenguaje y el pensamiento lógico-matemático, aunque los detractores del Efecto Mozart afirman que, si bien todo esto ocurre, es algo pasajero.

Es posible que la música actúe en el Sistema Nervioso Central, mejorando el estado de alerta, la sensación de bienestar, la plasticidad cerebral y la recuperación de zonas dañadas, en cuyo caso podría tener efectos rehabilitadores. En experimentos con personas que sufrían apoplejía cerebral con problemas de movilidad, memoria y atención, se evidenció que los pacientes que escuchaban música mejoraban su memoria verbal en un 60%, y la atención focalizada en un 17%, además de manifestar niveles menores de sentimientos de depresión y confusión en comparación con los pacientes que no la escuchaban. Aunque estos estudios no pueden ser totalmente concluyentes a causa de las características interpersonales, se continúa estudiando sus efectos beneficiosos para futuras aplicaciones.

De las diversas patologías relacionadas con la música que existen, la más común es la amusia, una alteración en la percepción auditiva, lectura, escritura o ejecución musical, que no es debida a alteraciones sensitivas o motoras, sino a un defecto neurológico. Los sujetos que padecen amusia son incapaces de reconocer las melodías o discriminar la diferencia entre los tonos, sin presentar ningún otro defecto neurológico asociado y habiendo tenido una adecuada exposición al ambiente musical. Dado que para el procesamiento de la información musical se requiere la participación de ambos lóbulos frontales y temporales, puede aparecer amusia por lesión de cualquiera de ellos. Un caso destacado de amusia fue el compositor Maurice Ravel. Conservaba intacto el «pensamiento musical», por lo que reconocía melodías y obtenía placer al escucharlas y detectaba errores introducidos deliberadamente en una partitura para los tonos o ritmos…Sin embargo no era capaz de cantar, tocar el piano ni escribir música con contenido. El propio Ravel describió su amusia como: “Tengo la cabeza llena de música, pero no soy capaz de escribirla”.



Otra patología relacionada con la música es la sinestesia, que en su definición general es la facultad poco común que tienen algunas personas, consistente en la experimentación de sensaciones de una modalidad sensorial particular a partir de estímulos de otra modalidad distinta, y que al aplicarla a la música, da lugar a que algunas personas, al escuchar la música, sean capaces de ver colores. Esto ocurre porque las conexiones entre los órganos sensoriales y la región cerebral correspondiente para su procesamiento en la corteza cerebral son específicas, y propias de cada sentido, pero desde todas estas áreas sensoriales también se envían señales a otras áreas de la corteza denominadas “áreas asociativas”, donde se relacionan características como forma, tamaño, color, etc. 

En los cerebros sinestésicos existen conexiones anatómicas no habituales en las áreas sensoriales, que conectan unos sistemas con otros, produciendo una especie de “cortocircuito”.

Algo curioso que ocurre con la música es que la mayoría de las personas somos víctimas en ocasiones de estribillos pegadizos que no dejan de sonar en nuestra cabeza durante un tiempo. Pueden pertenecer a canciones pop, anuncios de TV, canciones infantiles, clásicos,  videojuegos…Esta variedad sugiere que no son las canciones en sí las que provocan este efecto, sino cómo las personas interactúan con ellas. La aparición de estos estribillos pegadizos no sólo se ve favorecida por las características de la canción, sino también por un estado emocional positivo y por la realización de actividades no intelectuales mientras se está escuchando. Al 10% de las personas a las que les ocurre, la repetición en su cabeza del estribillo les resulta molesto y les impide continuar realizando la actividad con la que estaban, afectando más a personas para las que la música es parte importante en sus vidas, siendo los que tienen formación musical a los que más difícil les resulta eliminarlo. 


“La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo” Platón


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Creado por: @CM_Cuellar @CM_Furio

1 comentario:

  1. He leído su Blog buscando respuesta en google a algo que pensaba que solo me ocurría a mi, hasta ayer que en una conversación con un amigo me di cuenta que a el también le pasa y quiero encontrar respuesta.

    Desde niña he visto comerciales de televisión que tienen alguna música o instrumental que me causaba algún tipo de sensación que yo no sabía identificar. Ahora de adulta he logrado identificar esas emociones, un ejemplo de lo que me pasa es un comercial de cámaras Nikkon, le paso el link para que escuche la música en YouTube ( http://www.youtube.com/watch?v=Jd60VGQNpqs ) pues, cada vez que escucho esa música, sin siquiera entender lo que dice la letra me genera una sensación profunda de tristeza, al mismo tiempo me hace trasladarme a un sitio hermoso que nunca he visto en mi vida y para rematar me deja un sentimiento como de frustración o arrepentimiento por algo que no hice bien en mi vida afectiva cuando era más joven. Hablando con un amigo ayer, mientras estaba en su casa pasaron un comercial X y el me dijo: no me gusta ese comercial porque me hace sentir extraño y me llamó tanto la atención que le compartí esto y me dijo que le pasaba exactamente lo mismo a el con ese y otros comerciales. Quedamos ambos inquietos y me gustaría saber por qué pasa esto. Ojalá pueda despejarnos nuestras dudas.

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