miércoles, 21 de marzo de 2012

Cerebro y Nostalgia

¿Por qué sentimos nostalgia de tiempos pasados?

La palabra nostalgia proviene del griego, de una combinación de las voces de “regreso” y “dolor”, pero describe sin embargo un sentimiento positivo por una situación, un momento o una etapa de nuestra vida que ya ha pasado. Hasta comienzos del siglo XX, se consideraba un desorden psiquiátrico, un trastorno de ánimo ligado a la depresión, hasta que los científicos descubrieron y probaron que no es más que un mecanismo del cerebro que nos permite enfrentarnos a momentos difíciles de nuestra vida. A pesar de que la nostalgia se considera ligada con mayor frecuencia a la vejez, todas las personas acudimos a ella en algún momento, ya que tiene la función fundamental de restablecer nuestro ánimo a nivel cerebral. En la actualidad sabemos que no se trata por tanto de una enfermedad, sino de un sentimiento normal que todos podemos atravesar en un momento dado. No se trata de una casualidad que sintamos nostalgia en momentos de tristeza y nos vengan a la mente recuerdos del pasado de manera continua, como una película de nuestra vida. La capacidad para evocar el pasado nos transporta a nivel emocional a situaciones o etapas en que fuimos felices, para contrarrestar los momentos de desánimo, como si se tratara de un salvavidas emocional. Es por ello que tenemos la tendencia natural de almacenar recuerdos de nuestras diferentes etapas, sobretodo de los momentos que representan cambios o transiciones importantes en nuestra vida.

Se han realizado estudios mediante captación de imágenes del cerebro que demuestran que no sólo se libera dopamina al vivir situaciones que nos hacen felices, sino que también liberamos dopamina al acceder a los recuerdos de dichas situaciones. Esto explica por qué  se considera la nostalgia como un sentimiento positivo ante situaciones de tristeza y el poder que tiene para restablecer nuestro equilibrio emocional.

La nostalgia se expresa de diferentes formas en cada persona, por lo que se han realizado estudios sobre qué episodios marcan nuestras vidas y nos hacen recurrir a ellos en futuras etapas, y en qué orden les otorgamos importancia en cuanto al bienestar que representan para nosotros. El resultado de estos estudios determina que, en orden de más a menos, los episodios que consideramos más relevantes en nuestras vidas son los relacionados con:

  1. La familia
  2. La falta de preocupaciones
  3. Los lugares
  4. La música
  5. El recuerdo de un amor
  6. Las amistades
  7. Los juguetes de la infancia
  8. Los programas antiguos de televisión
  9. Las películas
  10. La casa familiar


Actualmente, gracias a las nuevas tecnologías y a Internet, es más sencillo guardar los recuerdos de la juventud. De hecho, estudios revelan que la generación de adultos actual entre 28 y 40 años mantiene vivos sus recuerdos como ninguna otra generación hasta ahora.

Hay personas que tratan de evitar la nostalgia por sentir que les priva de la alegría del día a día que la sociedad considera como “felicidad”. Es cierto que muchos jóvenes señalan que recuren a la nostalgia cuando se sienten aislados o desconectados de su entorno, pero los niveles altos de nostalgia no están relacionados con insatisfacción ni infelicidad en el presente, sino sólo con la opinión de que todo tiempo pasado fue mejor. En nuestra vida cotidiana estamos sometidos a presiones continuas, por lo que recordar un pasado donde no existían esas presiones es un recuerdo feliz que nos hace sentir bien.

Nuestra mente modifica los mecanismos de actuación en las diferentes etapas por las que pasamos en nuestra vida. Durante la juventud, nuestra memoria se encuentra en perfectas condiciones, ya que es la etapa en la que aprendemos cuáles son las cosas que nos causan dolor o sufrimiento y debemos recordarlas para así poder evitar repetirlas en un futuro. Sin embargo, cuando envejecemos, ya sabemos qué situaciones debemos evitar para preservar nuestro bienestar, y por tanto el recuerdo de momentos emocionalmente negativos deja de cumplir su función adaptativa. Mantenemos la idea de lo que debemos desechar, pero el recuerdo de por qué se asentó esta idea se evita. De esta forma, las personas mayores han aprendido a lo largo de su vida a no dejarse influir tanto por la información negativa del entorno para así mantener su bienestar y su buen estado emocional. Así, la memoria se debilita con los años, dejando de lado la precisión de nuestros recuerdos y evitar así las emociones negativas. A ello se une la capacidad de nuestro cerebro de hacer que recordemos con más detalle las situaciones positivas que las negativas, debilitando los malos recuerdos e idealizando los recuerdos positivos, actuando así como una especie de filtro que nos protege.

De esta forma, pese a la tendencia histórica de relacionar tanto la tristeza, el duelo o la nostalgia con desórdenes del estado de ánimo, ahora sabemos que se trata de emociones que cumplen una función en nuestro organismo: Recuerdan y repasan los errores del pasado para no cometerlos de nuevo y reviven nuestros aciertos y logros para repetirlos en el futuro.


“La nostalgia ya no es lo que era”. Peter de Vries, novelista estadounidense.


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