martes, 17 de abril de 2012

El cerebro de trastornos alimentarios

¿Cómo funciona el cerebro de las personas que padecen trastornos alimentarios?

Cuando comienza el buen tiempo, guardamos la ropa de abrigo y para muchas personas comienza la carrera por conseguir la forma física deseada para el verano. Es lo que coloquialmente llamamos “Operación biquini”. Es natural preocuparse algo más por el cuerpo cuando llega esta época, pero para las personas que sufren trastornos alimentarios como Anorexia Nerviosa o Bulimia Nerviosa, es un momento delicado en que se suele agravar el problema.


Tanto la Anorexia como la Bulimia Nerviosa, hacen que la persona que las padece esté obsesionada con su imagen corporal. La Anorexia Nerviosa se caracteriza por un descenso progresivo de la comida ingerida, acompañado de ejercicio físico excesivo y control de las calorías que ingiere y seguido de uso de elementos laxantes y diuréticos que ayuden a depurar lo que cree que es un cuerpo obeso por la distorsión que tiene de sí misma. La Bulimia Nerviosa comparte los síntomas iniciales, pero deriva en la inducción al vómito tras la ingesta. Normalmente, las personas que sufren trastornos alimentarios no se consideran enfermas.

Hay estudios que indican que hay diferencias de funcionamiento en el cerebro entre las personas que padecen trastornos alimentarios y las personas que no. Las personas con Anorexia o Bulimia presentan respuestas alteradas ante el placer y la recompensa y se preocupan más de lo normal por las consecuencias de sus acciones, por lo que son propensas a desarrollar comportamientos obsesivos que desembocan en el trastorno alimentario. El sistema de recompensa del cerebro está formado por varias estructuras que regulan y controlan el comportamiento y tienen como estimular la práctica de los hábitos necesarios para la supervivencia, como es este caso, comer. Cuando las personas realizamos una acción, este sistema produce una respuesta positiva o negativa, un refuerzo que determinará que repitamos o no ése acto. Las personas que no padecen el trastorno, cuentan con un patrón normal de activación del sistema de recompensa del cerebro, con diferencias marcadas entre una respuesta positiva y una respuesta negativa. Sin embargo, el sistema de recompensa cerebral de las personas que sufren estos trastornos no distingue entre ambos tipo de respuesta, lo que explica la dificultad que suelen presentar para experimentar el placer, como el disfrute de la comida.

Sin embargo, en otra región cerebral, el núcleo caudado, se observa el efecto contrario: El núcleo caudado se activa cuando es necesario establecer una estrategia para lograr un objetivo, sin embargo, en las personas con Anorexia o Bulimia la actividad es mayor de lo habitual ante situaciones que no requieren de planificación, por lo que se advierte en ellas una preocupación excesiva por cometer errores y por las consecuencias de sus actos.

Los estudios no permiten afirmar que estas diferencias estructurales sean causa del trastorno alimentario o se hayan producido como consecuencia del mismo, pero sí se ha observado que dichas diferencias en estas estructuras en las personas con trastornos alimentarios persisten toda la vida, por lo que es posible recuperarse, pero siempre serán más propensas a volver a sufrirlo que las personas con un patrón de activación del sistemas de recompensa que no esté alterado.


Las personas que padecen trastornos de la alimentación, suelen presentar daño en los neurotransmisores encargados de mantener la comunicación de las células cerebrales y cierta deficiencia en otra área cerebral, la ínsula anterior, situada en la profundidad de la superficie lateral del cerebro, entre los dos lóbulos. Es una corteza cerebral que detecta las necesidades del cuerpo, como el hambre, y contiene un conjunto de conexiones de distintas estructuras cerebrales en ambos hemisferios,  y está relacionada con las emociones, las sensaciones del propio cuerpo y la propia percepción. Como consecuencia, estas personas, generalmente mujeres, perciben la propia imagen de su cuerpo como distorsionada. Un daño grave en la ínsula, puede llevar a la persona afectada a incluso desconocer partes de su cuerpo.

Puede ocurrir, en algunos casos concretos, que la Anorexia nerviosa se produzca directamente por un fallo cerebral, como ocurre en el caso de un trastorno en la hipófisis que no permite que se libere la hormona responsable de que sintamos hambre, la grelina, por lo que la persona que lo padece no siente deseo de comer y por tanto, no come, o por una incapacidad del cerebro por la cual las neuronas no aceptan los nutrientes de la sangre, lo que conlleva como causa a una grave deficiencia cerebral.

Sea cual fuere la causa del trastorno alimentario, conviene visitar a un especialista que indique las pautas a seguir para su recuperación, que suelen combinar aspectos de nutrición con psicoterapia y en algunos casos fármacos que operan de manera similar a los antidepresivos. El apoyo familiar en estos casos es esencial para facilitar una posible recuperación. Curiosamente los rasgos de personalidad y de carácter de las personas con tendencia a padecer trastornos alimentarios como la Anorexia y la Bulimia, incluyen aspectos positivos como la atención al detalle, la preocupación por las consecuencias, el cumplimiento del deber y el enfoque al éxito, por lo que si estas cualidades se enfocan de manera adecuada, pueden ayudar a tener una vida plena y feliz.


"Llevar una dieta demasiado severa para guardar la salud es una enfermedad tediosa." François de La Rochefoucauld


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