viernes, 13 de julio de 2012

Disfunciones sexuales I: Trastornos del deseo sexual


¿Qué son las disfunciones sexuales y cuáles son las características de los trastornos del deseo sexual?


Una vez conocida la respuesta sexual psicofisiológica considerada como normal en los diferentes momentos durante una relación, podemos discernir todos aquellos comportamientos que difieren de ésa respuestasexual normal y que por tanto responden a alguna disfunción. Conocemos como trastorno o disfunción sexual las alteraciones que se producen en el desempeño o funcionamiento sexual normal de una persona en cualquiera de las fases que componen la actividad sexual, deseo o excitación, meseta, orgasmo y resolución, generando malestar y fracaso.

Para que una disfunción sexual sea considerada como tal a nivel de diagnóstico, además de no deberse a un problema orgánico, es necesario que se cumplan cuatro criterios:

  • La persona que la padece es incapaz de participar en la relación sexual tal como desearía.
  • La disfunción sexual se presenta frecuentemente, pero puede que no ocurra en algunas ocasiones.
  • La disfunción sexual debe estar presente al menos durante seis meses.
  • El disfunción sexual no se atribuye a ningún trastorno mental, del comportamiento, físico o a un tratamiento farmacológico.

Las diferentes disfunciones sexuales se clasifican en función de en qué fase de la actividad sexual se produzcan, diferenciándose entre trastornos del deseo o excitación sexual, trastornos durante el acto sexual (meseta), trastornos orgásmicos y trastornos sexuales por dolor. Hoy nos ocuparemos de los trastornos del deseo sexual.

El deseo o excitación sexual comienza en nuestro órgano sexual más importante, el cerebro, donde se producen los pensamientos, imágenes y sensaciones que activan o inhiben nuestro deseo sexual y nos predisponen a tener un encuentro sexual placentero. El deseo sexual en su funcionamiento normal está relacionado con dos centros cerebrales, el del placer y el del dolor y en función de la situación en la que nos encontremos aparece o desaparece. Entre los trastornos del deseo sexual encontramos principalmente dos tipos de disfunciones:

- Deseo sexual hipoactivo: Se entiende como deseo sexual hipoactivo la ausencia o deficiencia de fantasías sexuales y de interés por mantenerlas que se da de forma recurrente.

Los estudios acerca de las regiones del cerebro implicadas en esta disfunción de deseo sexual hipoactivo evidencian que, ante la visualización de estímulos considerados como eróticos, una región conocida como corteza órbitofrontal, se activa tanto en hombres como en mujeres con el deseo disminuido, pero permanece inactiva en las personas que no sufren este trastorno. Una de las funciones de la corteza mediana órbitofrontal, es mantener nuestras emociones bajo control, por lo que es posible que la causa de que algunas personas sufran de deseo sexual hipoactivo es que no puedan sentir deseos porque, a nivel fisiológico, sus propios cerebros mantienen sus emociones inhibidas.

Algunos estudios al respecto también avalan la llamada “hipótesis de las monoaminas” para explicar los trastornos del deseo sexual. Esta hipótesis consiste en que sustancias como la serotonina, la dopamina y la epinefrina (adrenalina) interactúan en los receptores nerviosos con las hormonas. Cuando un exceso de serotonina influye en los receptores de testosterona disminuyendo su transmisión y por tanto inhibiendo el deseo sexual, ya que la testosterona es la principal hormona implicada en el deseo sexual tanto en hombres como en mujeres.

- Trastorno hipersexual: Se define como una actividad sexual exagerada y fuera de control, que presenta el mismo comportamiento que cualquier adicción, es decir, interfiere en la vida diaria de la persona que lo padece a nivel personal, familiar o laboral, extendiéndose incluso al ámbito social en forma de conductas de riesgo para alcanzar sus objetivos.

La característica principal de esta disfunción sexual es la presencia de sentimientos persistentes de congestión genital y demás signos físicos de estimulación sexual ya esté o no presente un estímulo que los provoque. Ésa excitación sexual lleva a la persona que lo padece a una actividad sexual continua, ya sea por sí mismo o en pareja si se da el caso, buscando disminuir la sensación de congestión, aunque ésta no remite con el orgasmo.

En base a la “hipótesis de las monoaminas”, el trastorno hipersexual se explica porque cuando un exceso de dopamina influye en los receptores de testosterona, incrementa su transmisión favoreciendo el deseo sexual y a su vez provocando la deshinibición de la conducta hipersexual.

A menudo, las personas que padecen ambas disfunciones, tanto deseo sexual hipoactivo como trastorno hipersexual, son conscientes de que su conducta sexual no entra en los parámetros de conducta sexual normal o “adecuada”, pero achacan su trastorno a factores externos. Es importante que visitemos a un especialista en caso de creer que podemos sufrir uno de estos trastornos, ya que solucionarlos es posible, pero partiendo siempre de un diagnóstico adecuado.


“Cada cosa que yo hago y cada cosa que decido dejar de hacer está motivada por un deseo, pueda yo identificarlo o no”. Jorge Bucay





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jueves, 5 de julio de 2012

Respuesta sexual humana


¿Qué se considera una respuesta sexual normal en las personas?

La biología determina ciertas características sexuales como el tipo de sexo cromosómico, XX o XY, la estructura genital y los caracteres sexuales secundarios, pero a nivel de conducta, la sexualidad humana está fundamentalmente influida por factores culturales y ambientales y el carácter de las primeras experiencias tiene una gran importancia y puede marcar emocionalmente las vivencias posteriores.

Aunque ha variado a lo largo del tiempo en función de los conocimientos sobre el tema, actualmente se considera que la respuesta sexual humana consta de 4 fases: Deseo, Excitación, Orgasmo y Resolución.

Cada una de estas fases se caracteriza por una serie de cambios fisiológicos y psicológicos que se producen en las persona durante el desarrollo normal de la actividad sexual. Aunque durante la respuesta sexual se producen cambios en todo el organismo en general como tensión muscular, incremento de la presión arterial, aumento de la frecuencia cardíaca, alteraciones respiratorias o aumento de la temperatura entre otras, estos cambios no son característicos especialmente de la respuesta sexual, sino que pueden deberse a diferentes patologías, por lo que a la hora de estudiar la actividad sexual, los expertos prestan especial atención a los cambios que se producen a nivel hormonal y genital.

Cada una de las cuatro fases que componen la respuesta sexual tienen cambios o reacciones psicofisiológicas propias que las caracterizan y que en algunos aspectos difieren en hombres y mujeres:

DESEO o EXCITACIÓN SEXUAL:

Esta primera fase de la actividad sexual depende de estímulos parasimpáticos. El deseo sexual no sólo es algo psicológico, sino algo más bien químico, es el resultado de estímulos recibidos a través de los sentidos que desencadenan la liberación de neurotransmisores cerebrales que provocan descargas de adrenalina. Y esas descargas de adrenalina provocan todos los mecanismos vasculares, hormonales, musculares y neurológicos.

Durante la fase de deseo no se aprecian diferencias entre la actividad sexual en hombres y en mujeres. Ambos experimentan la presencia de pensamientos o fantasías sexuales que les induce al deseo de la actividad sexual. Comienzan a provocar en ellos cambios a nivel hormonal: La testosterona es la principal hormona implicada en el deseo sexual y cualquier variación en sus niveles puede provocar que éste aumente o disminuya.

MESETA:

En la fase de meseta, por las diferencias obvias entre la fisiología de hombres y mujeres, la respuesta sexual varía de uno a otro:

  • Hombres: Erección del pene, agrandamiento de la próstata, engrosamiento, elevación y rotación de los testículos, incremento y coloración de la corona del glande, secreción de las glándulas de Cowper (líquido preseminal) y sensación subjetiva de excitación.
  • Mujeres: Lubricación, engrosamiento y expansión del interior de la vagina, hinchazón y erección del clítoris, elevación del útero, alisamiento y separación de los labios mayores de la vagina, engrosamiento y coloración de los labios menores de la vagina, secreción de las glándulas de Bartholino, que ayudan a lubricar los labios vaginales, y sensación subjetiva de excitación.


ORGASMO:

El orgasmo está regulado por estímulos del sistema nervioso simpático.

Además de las contracciones del esfínter rectal y de la sensación y el estado de placer común a ambos sexos, en el orgasmo también encontramos diferencias normales entre ambos sexos en cuanto a anatomía:

  • Hombre: Contracción de las vesículas seminales, próstata y conducto eyaculador, y contracciones rítmicas de la uretra y el pene con la expulsión de semen.
  • Mujer: Contracciones del útero y contracciones rítmicas de la vagina y de la plataforma orgásmica.


RESOLUCIÓN:

El estado de resolución con el que culmina la actividad sexual se caracteriza tanto como para hombres como para mujeres por una sensación placentera de alivio y relajación. En cuanto a los cambios psicofisiológicos que conlleva, las diferencias entre ambos sexos son únicamente las propias de las diferencias de género:

  • Hombre: Pérdida de la erección del pene, descenso de los testículos y pérdida de la congestión testicular, desaparición de la congestión del escroto y comienzo del periodo refractario.
  • Mujer: Regresión y pérdida de la vasocongestión del clítoris, desaparición de la plataforma orgásmica y la vasocongestión de las paredes de la vagina, desaparición de la hinchazón de los labios mayores y menores y regresión del útero a su posición habitual.


Conocer cuál es la respuesta sexual considerada como normal en hombres y mujeres, nos ayuda a diferenciar y determinar cuándo existe algún problema de disfunción sexual que afecta al transcurso de la actividad o de la respuesta sexual y que nos impide disfrutar plenamente de nuestras relaciones sexuales, para poder buscar soluciones al respecto.


“El amor es la respuesta, pero mientras la espera, el sexo plantea unas cuantas preguntas”  Woody Allen



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jueves, 28 de junio de 2012

Patologías del sueño: EL INSOMNIO


¿En qué consiste el INSOMINIO, uno de los trastornos del sueño más comunes?

El porcentaje de personas que padecen problemas de alteraciones del sueño es muy significativo, pero muy pocos casos son los que están correctamente diagnosticados y tratados.

Se considera como un trastorno del sueño a cualquier tipo de dificultad relacionada con el hecho de dormir, incluyendo todas aquellas dificultades para conciliar el sueño o mantenerlo, dormirse en momentos inapropiados, tiempo de sueño total excesivo o conductas consideradas como anormales en relación con el sueño. Hay una gran variedad de trastornos del sueño catalogados, entre los cuales destaca por su elevada incidencia en la población el insomnio, que afecta especialmente a mujeres y ancianos.

El insomnio es un trastorno del sueño que consiste en la incapacidad para dormir, ya sea por la dificultad para conciliar el sueño o disminución de su calidad, despertares frecuentes durante la noche o acortamientos del sueño. El insomnio puede producirse como consecuencia de otro trastorno o enfermedad, pero en la mayoría de los casos suele ser independiente de otros problemas de salud, en cuyo caso recibe el nombre de insomnio primario o ideopático.

Las causas del insomnio primario no siempre son posibles de determinar, ya que a menudo son algunos de nuestros hábitos de vida los que interfieren con nuestro sueño:

  • Los horarios irregulares, como cambios frecuentes de horarios a la hora de irse a dormir o de levantarse.
  • Las condiciones físicas inapropiadas del espacio en el que se descansa, como los entornos ruidosos o las temperaturas extremas.
  • El consumo habitual de algunas sustancias excitantes del sistema nervioso, como el té, las bebidas con cafeína, la nicotina y el alcohol.
  • Los malos hábitos alimenticios, como la ingesta de cenas copiosas o la sensación de hambre al acostarnos.
  • El consumo habitual de medicamentos con efectos secundarios.
  • Las situaciones estresantes debidas a problemas o preocupaciones, que provocan una elevada activación del organismo.
  • El consumo y dependencia de drogas o la abstinencia de las mismas.

Es curioso que, pese a padecer insomnio, la mayoría de las personas que lo sufren son capaces de realizar las funciones normales de su día a día aunque su cerebro no se encuentre en plenas condiciones. Esto ocurre gracias a que nuestro cerebro incrementa los niveles de dopamina cuando pasamos la noche en vela y es éste neurotransmisor el que se encarga de que podamos continuar con nuestras actividades pese a no haber descansado. Gracias a la tecnología, se ha podido verificar este aumento de dopamina en dos áreas cerebrales, el estriatum, involucrado en la motivación y la recompensa, y el tálamo, encargado de mantenernos alerta. Sin embargo, esta estrategia cerebral para compensar la falta de sueño aumentando la dopamina, no soluciona el déficit cognitivo que produce la privación de sueño, ya que la cantidad de dopamina que se produce en el cerebro también provoca sentimientos de fatiga y la pérdida de ciertas habilidades cognitivas.

Es por ello que si padecemos insomnio debemos tomar cartas en el asunto, comenzando por seguir unas pautas correctas para adquirir buenos hábitos a la hora de acostarnos y sentirnos así en plenas condiciones por la mañana. Es lo que se conoce como higiene del sueño:

  • Debemos interrumpir el consumo de bebidas estimulantes y nicotina de 4 a 6 horas antes de acostarnos. Es recomendable evitar también el alcohol, ya que aunque inicialmente puede facilitar el sueño, provoca despertares durante la noche.
  • Realizar una cena ligera de fácil digestión induce al sueño y es el término medio perfecto entre conductas que producen insomnio, como cenar de manera copiosa e irnos a la cama con hambre.
  • Es recomendable establecer una rutina fija en cuanto a horarios de sueño, procurando acostarnos y levantar siempre a la misma hora. Además es beneficioso establecer rutinas de comportamiento antes de ir a dormir, como prepararnos la ropa del día siguiente o tomar un vaso de leche.
  • Debemos asegurarnos de minimizar el ruido ambiental dentro de lo posible utilizando tapones si es necesario, mantener la temperatura de la habitación entre 12 y 24 grados y evitar la entrada de luz para no interferir en los ciclos de melatonina.


Actualmente es frecuente la prescripción de fármacos para tratar el insomnio. Es importante que conozcamos que el tratamiento farmacológico no constituye una solución adecuada a medio y largo plazo, ya que los fármacos que inducen al sueño pueden tener efectos residuales adversos para la concentración y la coordinación hasta varios días después de ingerirlos, además de provocar un sueño artificial.

Una buena higiene del sueño ayuda a combatir el insomnio en la mayor parte de los casos, pero si éste persiste debemos consultar con nuestro médico para evaluar las causas que lo provocan y remitirnos al profesional adecuado para establecer un diagnóstico y el tratamiento más conveniente para recuperar nuestro sueño y volver a rendir y sentirnos bien en nuestro día a día.

 “El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en un lugar de tortura”. Emil M. Cioran, escritor y filósofo.


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viernes, 22 de junio de 2012

Los sueños


¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando soñamos?

Sabemos que dormir es una necesidad vital para los seres humanos y que la falta de él puede llevar incluso a la muerte. Cubriendo un sueño mínimo, nos aseguramos la supervivencia, pero los expertos insisten en la necesidad, no sólo de dormir, sino de dormir bien. ¿Pero sabemos qué se considera un sueño adecuado y por qué es necesario para la vida?
El sueño es un estado fisiológico de abolición de la conciencia necesario para mantener la homeostasis del organismo. Al contrario que nuestro cuerpo, que sufre una especie de desconexión, durante el sueño nuestro cerebro se mantiene muy activo y es en ese momento cuando el cerebro clasifica lo ocurrido durante el día y organiza la nueva información, incorporándola a la ya guardada. El hipocampo se vacía de los recuerdos del día, que pasan a la corteza prefrontal, liberando espacio para la adquisión de nuevas informaciones y a su vez consolidando la memoria.

Dormir es fundamental para el buen rendimiento del organismo, ya que es un proceso restaurador activo, en el que se reestablecen los recursos consumidos durante el día y se restauran los sistemas que son necesarios, entre otras cosas, para la atención dirigida al buen estado de ánimo, la adaptación emocional al entorno y el aprendizaje. Si el sueño no cumple con su función restauradora-compensadora, tanto el cuerpo como la mente pueden sufrir trastornos como la pérdida de apetito, cefaleas y arritmia cardiaca. Dormir ayuda al organismo a evitar una sobrecarga del aparato psíquico, lo cual es fundamental para su buen rendimiento general gracias a su función restauradora, protectora, conservadora  de energía, adaptativa para la supervivencia, de maduración cerebral y motivacional.
En el momento nos dormimos, comienzan en nosotros una serie de procesos biológicos que producen cambios. A través de estos procesos y de su medición en cuanto a la actividad eléctrica cerebral, los movimientos oculares y el tono muscular, entre otros, se ha clasificado el sueño en diferentes fases:

FASE I: Es la primera fase del sueño y mientras nos adentramos en ella somos todavía conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor y percibimos los estímulos auditivos y táctiles. A menudo, mientras nos encontramos en esta fase tenemos la sensación de que no estamos durmiendo, aunque nuestro tono muscular ya ha disminuido en comparación a cuando estamos despiertos. No se trata de un sueño reparador, sino de un estado “puente” entre la vigilia y el sueño. Es una fase de adormecimiento que tiene una duración de pocos minutos.


FASE II: Comienza con una bloqueo a nivel de tálamo del acceso a la información sensorial por parte de nuestro sistema nervioso. Es común que en el proceso se produzcan fallos en éste bloqueo y a menudo seamos conscientes de espasmos en nuestras extremidades, como contracciones musculares que producen una sensación similar a cuando fallamos al bajar un escalón y damos un traspiés. En la FASE II, el tono muscular disminuye en comparación a la FASE I, desaparecen los movimientos oculares y disminuye el ritmo respiratorio. Pasamos en torno al 50% de nuestro periodo de sueño en esta FASE II.


FASE III: Se intensifica el bloqueo sensorial y el sueño se hace más profundo. Es una fase esencial para el descanso. Cuando algo nos interrumpe el sueño en FASE III, nos despertamos confusos y desorientados. Su duración es escasa, ya que se utiliza para hacer el sueño más profundo y pasar a la FASE IV.


FASE IV: Es la fase de mayor profundidad del sueño. La actividad cerebral se enlentece y es esencial para la restauración física y psíquica de nuestro organismo. La frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y la temperatura corporal descienden al nivel más bajo que tendrán durante la noche. El tono muscular es muy reducido y si aparece el sueño, aunque no es fase típica para ello, lo hace en forma de imágenes o luces, nunca en forma de historia o de narración. En esta fase es cuando aparecen, en caso de darse, el sonambulismo y los terrores nocturnos. Ocupa en torno al 20% de nuestro periodo de sueño.


FASE MOR o REM: Suele alcanzarse al cabo de los primeros 90 minutos de sueño, entre los 70 y los 120, y debe su nombre al movimiento rápido de los ojos que se produce cuando nos encontramos en ella. La actividad eléctrica cerebral en esta fase es rápida y el tono muscular es nulo. Esto es debido a que es la fase del sueño donde aparecen los sueños en forma de historia o narración y el nulo tono muscular evita que nuestro cuerpo realice físicamente las acciones o movimientos que estamos soñando. Las alteraciones comunes que se producen en esta fase del sueño son las pesadillas, la falta de atonía muscular durante el sueño o la parálisis del sueño. El 25% de nuestro periodo de sueño suele ser MOR.

Las diferentes fases del sueño se alternan cíclicamente a lo largo de la noche. Durante la primera parte del sueño predomina el sueño NO MOR, y durante la segunda los periodos MOR se van haciendo más largos. Normalmente estas fases se suceden siempre en el mismo orden y hay que pasar por las 4 primeras para alcanzar la FASE MOR, pero si el organismo necesita un descanso profundo y un alivio de la fatiga mental y el descanso físico, puede acelerar el proceso de entrada en sueño MOR, para una mejor reparación del organismo.

El tiempo que pasamos dormidos y despiertos sigue un ciclo de 24 horas influido por el sol, el ciclo sueño-vigilia cambia a medida que los días se alargan o acortan. La melatonina, interviene en el período de sueño, elevándose durante la noche por la falta de luz solar y disminuyendo durante el día. Para un correcto descanso, es aconsejable tener en cuenta varios factores que influyen en la calidad de nuestro sueño, como hábitos adecuados al acostarnos para acostumbrar al cuerpo a seguir un ciclo regular. El tiempo necesario para descansar en un adulto es normalmente de seis y nueve horas diarias, dependiendo de cada individuo. A medida que vamos envejeciendo nuestro cuerpo necesita menos el sueño y normalmente las personas de 65 años en adelante con 6 horas tienen suficiente.

Dormir correctamente afecta a nuestro descanso y capacidades, por lo que debemos dar al cerebro oportunidad de recuperarse si queremos rendir a plenas facultades al día siguiente.


El sueño es la dulce nodriza de la naturaleza y un bálsamo para la mente fatigada” W. Schakespeare

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viernes, 15 de junio de 2012

El cerebro de los deportistas de élite


¿Es diferente el cerebro de los deportistas de élite?


En los últimos tiempos, en España estamos asistiendo a una verdadera revolución en el mundo del deporte. Los deportistas españoles se están consolidando como unos de los mejores del mundo en las distintas competiciones en las que participan. Cuando observamos a estos deportistas de élite, a menudo tenemos la sensación de que hacen cosas extraordinarias, fuera del alcance de las personas “normales”.

La ciencia ha estudiado los cerebros de estos deportistas de élite con la finalidad de hallar diferencias que permitan determinar el por qué de las habilidades que los diferencian del resto y los hacen únicos y admirados.

Diversos estudios afirman que los deportistas de élite, gracias a sus intensos periodos de entrenamiento, emplean de forma más eficaz las regiones cerebrales asociadas al movimiento y las áreas sensoriales primarias del cerebro, obteniendo con ello mejores movimientos, conciencia y habilidades en la toma de decisiones.

La investigación visual en cuanto a la atención y la percepción al respecto de los mecanismos cerebrales que intervienen al tomar decisiones rápidas en momentos críticos es muy significativa, ya que en la mayoría de los deportes todo ocurre rápidamente y la toma de decisiones se basa en información que está disponible sólo durante un momento, apenas unos segundos. Al parecer, la toma de decisiones de las personas “normales” o los deportistas amateur se realiza en la corteza cerebral, parte racional de nuestro cerebro que utilizamos de manera habitual en la resolución de problemas. Sin embargo, la toma de decisiones que realizan los deportistas de élite ante situaciones en las que disponen de un tiempo escaso para reaccionar se realiza a través de los ganglios basales, una estructura más antigua e intuitiva. De esta manera, el proceso se automatiza y pasa a ser inconsciente, lo que les hace capaces de reaccionar tomando la decisión adecuada en tiempos que parecen imposibles para el resto de las personas.

Los estudios también indican que los deportistas de élite tienen más desarrollada la región del cerebro encargada del movimiento. El 'Modelo de anticipación' es una idea clave en cuanto al control motor y defiende que es posible predecir cambios en el estado de cuerpos estimando la nueva posición que ocuparán tras los mismos. Este modelo de anticipación, actúa como una orden de salida a realizar un movimiento acorde con el movimiento previsto en el adversario. Gracias a ello, los deportistas de alto rendimiento se anticipan mejor a las acciones de sus oponentes. Un claro ejemplo del funcionamiento del modelo de anticipación lo tenemos en Iker Casillas, que parece adivinar de manera mágica dónde va a tirar el delantero incluso antes de que realice el disparo, deleitándonos con paradas espectaculares. Algunas investigaciones parecen determinar que la estructura cerebral implicada en ello es el cerebelo lateral.


En función del deporte practicado, el deportista desarrolla unas habilidades u otras, ya que cada deporte requiere de unas habilidades diferentes en función de sus características: Mientras que en el futbol predomina la rapidez visual, el control motor y la anticipación de movimientos, ya que los profesionales deben atender no sólo a su comportamiento, sino también al de compañeros y por supuesto al de adversarios,  en el tenis debe tenerse en cuenta, además de ésos factores, las imágenes espaciales, tridimensionales y valorativas, así como la memoria necesaria para saber cómo se han hemos ejecutado los golpes anteriormente y el comportamiento que ha tenido frente a ellos el adversario.

Así pues, los estudios al respecto apoyan un desarrollo superior en los deportistas de élite de la media en anticipación visual, la toma de decisiones y la identificación de patrones de movimiento. Por tanto, un buen rendimiento deportivo va acompañado de un elevado desarrollo cognitivo y una inteligencia no verbal privilegiada.

Pero, ¿podemos nosotros conseguir esas capacidades que nos hagan auténticos prodigios del deporte? Para desarrollar estas capacidades que permiten llegar a la élite del deporte, es necesario entrenar. La práctica regular de un deporte entre los 6 y los 12 años es clave para desarrollar el tipo de inteligencia no verbal que se requiere para el deporte de élite. Para automatizar los procesos que comentábamos es necesario una práctica contacte y profesional. Sin embargo, ¿la práctica es suficiente? A este respecto, en una entrevista a Rafa Nadal, le preguntaron “¿Qué se necesita para ser el número uno del mundo?”. La respuesta de Nadal aclara este aspecto: “Mira, para estar entre los primeros cien yo estoy convencido de que casi cualquier persona con mucho entrenamiento y una dedicación exclusiva puede lograrlo, pero para estar entre los primeros cinco se necesita algo que no sé explicar, algo que se tiene o no se tiene, no sé decirlo pero eso no se adquiere, se nace con ello…”

Por suerte, nuestros deportistas tienen ése “algo” que los hace únicos. Y es por ello que contamos con auténticos prodigios del deporte, de la talla de la Selección Española de Fútbol, Baloncesto o Balonmano, Rafa Nadal, Fernando Alonso, Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa, Toni Elías, Nico Terol o Alberto Contador, además de tantos otros no tan conocidos por ser menor la repercusión mediática que se les otorga, como Gisela Pulido, 8 veces campeona del mundo de kitesurf, Laia Sanz 11 veces campeona del mundo de trial o Jose Antonio Hermida,  campeón del mundo de BTT, entre tantos otros.

 “Si crees que eres el mejor, ya no puedes mejorar. Si quieres ser el mejor, siempre debes hacerlo." Valentino Rossi, piloto de Moto GP.


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jueves, 7 de junio de 2012

Exámenes: Cómo estar preparados

¿Cómo podemos preparar a nuestro cerebro para estar al 100% en época de exámenes?


Llega la época de exámenes y hay una serie de factores que debemos tener en cuenta para maximizar nuestro aprendizaje y consolidar lo aprendido para afrontar las pruebas con mayor tranquilidad y obtener los resultados deseados.

Técnicas de estudio adaptadas a cada persona:


Es importante encontrar el método de estudio que personalmente se adapta mejor a cada uno. Normalmente adquirimos la información a través de la memoria visual, pero hay personas que consiguen asimilar mejor los conocimientos utilizando otros tipos de memoria, como la memoria auditiva. Para cada caso, una técnica será más adecuada que otra. Si tu aprendizaje mejora utilizando destrezas visuales, prepara tu material de manera gráfica para optimizarlo y utiliza técnicas de estudio visuales como el subrayado, los esquemas o los gráficos. Si te resulta más eficaz memorizar de forma auditiva, lee tu material y repásalo en voz alta, graba las lecciones y escucha las grabaciones con el temario, ya que verbalizar tus propios conocimientos, obliga a tu cerebro a esquematizarlos, sistematizarlos y repasarlos. Algunas personas obtienen un aprendizaje más eficaz, si  reescriben el texto que están estudiando y se realizan esquemas mentales que luego desarrollan. Si establecse asociaciones de ideas y reglas de mnemotecnia para memorizar las fechas, cifras y los listados de datos, te resultará más sencillo que si estudias de memoria. Es más fácil memorizar las cosas si tienes interés en ellas. Para ello, puedes buscar películas, monólogos o curiosidades sobre los contenidos a estudiar para fijar contenidos al relacionarlos.

Si exploras diferentes métodos de aprendizaje, descubrirás cuál se adapta mejor a tu tipo de memoria predominante y al aplicarlo a tu forma de estudiar optimizarás los resultados.

Cuidar la alimentación:



El 80% de nuestro cerebro es agua, por lo que tener una buena hidratación es esencial para un procesamiento cerebral óptimo. Si no ingerimos suficiente líquido, aumenta el cortisol, la hormona del estrés, que puede causar problemas de memoria

Tomar un desayuno completo ayuda a afrontar el día con energía y a no sufrir déficits de glucosa que repercuten negativamente en el rendimiento, ya que el cerebro utiliza la glucosa como única fuente de energía. Es muy importante no saltarnos ninguna comida para mantener un nivel adecuado de glucosa en sangre a lo largo del día e incluir en nuestra dieta hidratos de carbono. Los alimentos ricos en vitaminas B y C, como las frutas y los cítricos, contribuyen a  la formación de neurotransmisores como la acetilcolina, responsable de la memoria y el pensamiento. Los excitantes como la cafeína, además de mantenernos despiertos, hacen que nuestro pensamiento se agilice. Sin embargo, el exceso de estos estimulantes perjudican la concentración y la memoria, por lo que nunca hay que abusar de ellos. Los frutos secos, especialmente la avellana, tienen un alto contenido en vitamina B1, que fortalece la memoria y la consolida. Las legumbres nos aportan el hierro necesario y las verduras contienen antioxidantes encargados de frenar a los llamados "radicales libres", que son los responsables del deterioro de las membranas celulares, lo que conlleva pérdida de memoria y concentración.

Horas de sueño adecuadas:


Dormir es necesario para aprender. Los recuerdos del día se almacenan temporalmente en el hipocampo, región implicada en la memoria y el aprendizaje, y durante el proceso del sueño se trasladan a la corteza prefrontal, que dispone de mayor capacidad. Podemos decir que el sueño vacía la memoria a corto plazo, dejando espacio libre para adquirir información nueva. Es por ello que si no se descansa correctamente, se reduce hasta en un 40% la capacidad de asimilar los conocimientos adquiridos, por lo que es posible que no recordemos bien lo que hemos aprendido. 

Ante los exámenes, es normal sentirse nervioso y estresado, pero para algunas personas esa ansiedad es muy intensa e interfiere en su concentración y su rendimiento. Es lo que se denomina ansiedad de ejecución, que es la que se da ante situaciones específicas donde el rendimiento es muy importante y  existe una gran presión por hacer las cosas bien. Algunos síntomas de esta ansiedad de ejecución pueden ser molestias gastrointestinales, dolor de cabeza tensional, temblor y sudor, aumento de la tasa cardíaca, incluso diarrea o ganas de vomitar, provocados por exceso de adrenalina. Para ayudar a controlar estas sensaciones negativas, es necesario que tengamos en cuenta que es normal sentirnos así, no pasa nada y podemos llegar a controlarlo con las técnicas adecuadas. No debemos centrarnos en los síntomas físicos que nos produce, sino dirigir toda nuestra concentración a las preguntas del examen. Controlar la respiración es una buena forma de combatir la ansiedad, pero debemos aprender a hacerlo en los momentos en que estamos relajados y practicar regularmente.

Todos estos factores conseguirán que aproveches tu tiempo de estudio y consigas mejores resultados, pero si eres poco organizado y dejas todo para última hora, la biología también puede echarte una mano, ya que hay estudios que indican que estudiar bajo presión también puede ser efectivo. Las hormonas que se producen cuando estamos estresados, el cortisol y la adrenalina, ​​causan cambios en las células de nuestro cerebro, aumentando su capacidad de aprendizaje y permitiendo a los recuerdos guardarse más eficazmente. Estos estudios se basan en que las personas solemos recordar con más fuerza los malos recuerdos que los buenos, debido a que tanto el cortisol como la adrenalina son componentes esenciales en los mecanismos ancestrales de lucha y huida, la respuesta neurobiológica a situaciones de estrés que ha evolucionado a través de los tiempos para evitar situaciones similares en el futuro.

Sin embargo, siempre es preferible una buena preparación para fijar contenidos, ya que aunque un poco de estrés puede ser bueno para la formación de la memoria, si el estrés es excesivo es probable que tenga el efecto contrario, ya que cuando estamos muy estresados al cerebro no le es posible recoger toda la información nueva en buenas condiciones y comienza a reemplazar una información por otra, por tener espacio insuficiente en la memoria. Si encontramos nuestra memoria más efectiva y la potenciamos, cuidamos nuestra alimentación y dormimos adecuadamente, nos aseguraremos buenos resultados.


 “Muchos estudiantes toman al estudio como un líquido que hay que tragar, y no como un sólido que debe masticarse. Luego se preguntan por qué proporciona tan poco nutrimento real”. S. Harris



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viernes, 1 de junio de 2012

Hipocondría


¿Qué es la hipocondría y cómo se sienten quienes la padecen?


La hipocondría es la preocupación, miedo o creencia de tener una enfermedad grave a partir de la interpretación errónea de sensaciones físicas normales. Las personas que la padecen se resisten a creer las informaciones médicas tranquilizadoras al respecto y no cejan en su creencia aunque las evidencias no la respalden.

Este trastorno psicológico es uno de los más antiguos que se conocen, ya que se remonta a la Grecia antigua, a los tiempos de Hipócrates. Debe su nombre a que los griegos asociaron los cambios mentales con modificaciones de los órganos situados en la región bajo las costillas, denominada hipocondrio. Esta creencia se extendió hasta el siglo XVII cuando los médicos entendieron que los temores hipocondríacos probablemente se originaban en el cerebro y no en el organismo.

Las personas que sufren de hipocondría viven en un estado de sufrimiento permanente ante el miedo a enfermar y se auto diagnostican dolencias, interpretando síntomas corrientes de manera exagerada. Los síntomas físicos que pueden llevar a la preocupación por padecer una enfermedad grave pueden ser muy variados, ya que la persona con hipocondría valora como amenazantes algunas sensaciones fisiológicas que el resto de personas perciben como normales en situaciones determinadas, como la hipertensión postural, las disfunciones ocasionales como vómitos o diarrea y las reacciones somáticas asociadas a un estado emocional, como las activaciones fisiológicas del estrés. Es corriente que suceda, que el paciente comience a sentir  síntomas físicos propios de la ansiedad en una situación determinada, como taquicardia, palpitaciones, disnea, cefaleas, vértigos, mareos o visión borrosa, y por ello decida ser sometido a una larga serie de exploraciones somáticas, sin que se logre evidenciar patología alguna, simplemente porque no la hay y tales síntomas respondían  un momento puntual.

Ante la incapacidad del personal cualificado por hallar el origen de la molestia y ante la certeza de la persona de que padece una enfermedad grave, puede aparecer la duda, cada vez más insistente, sobre el origen de su molestia, creyendo cada vez con más fuerza de que se trata de una enfermedad muy peligrosa, extraña y difícil de manejar y ello es la causa por la que se le oculta el diagnóstico. Las enfermedades que creen padecer las personas con hipocondría suelen ser aquellas que implican un elevado grado de gravedad, son crónicas o las que suelen tener como desenlace la muerte.

Además de asociar diversas sensaciones físicas a estas enfermedades, las personas que padecen hipocondría suelen tener pensamientos catastrofistas y tiene presentes imágenes mentales relacionadas con la enfermedad, imaginándose a menudo a sí mismos sufriendo las consecuencias del deterioro físico que conllevaría padecerlas realmente.

Esta dolencia suele aparecer en la edad adulta, entre los 30 y los 50 años, aunque también pueden padecerla niños. Los estudios indican que la hipocondría está relacionada con el ambiente familiar, por lo que es frecuente encontrar varios hipocondríacos bajo el mismo techo. Este problema mental se intensifica cuando la vida de la persona gira en torno a esos males que cree padecer. Puede ocurrir que la hipocondría esté motivada por alguna afección que la persona en cuestión haya padecido previamente, sobretodo si ésta ha sido muy dolorosa, ya que es posible que el paciente asocie esa idea de enfermar como algo muy traumático y se invente los síntomas para no bajar la guardia.


Las personas con hipocondría a menudo se realizan comprobaciones corporales, buscan información al respecto de la enfermedad que creen que les afecta y preguntan a los demás si han sentido sensaciones similares ante una enfermedad. Puede tomarse el pulso, la temperatura o la tensión arterial numerosas veces al día y controlar de una manera u otra sus funciones biológicas. Estas conductas en principio tranquilizan, pero a la larga refuerzan la idea de que se sufre una enfermedad. Es frecuente que también que eviten el ejercicio físico y que acudan a hacerse chequeos para descartar patologías. Conocen y utilizan los términos técnico y es probable que rebatan a su propio médico acerca de los síntomas y del tratamiento más adecuado para ellos.

Puede ocurrir que el hipocondríaco padezca verdaderamente algún trastorno, por lo que al igual que con el resto de personas, conviene descartarlo mediante pruebas médicas si existen síntomas que lo evidencien, pero de manera frecuente si lo padecen tienden a exagerar aunque dicho trastorno no implique mayor gravedad. En ocasiones, el nivel de hipocondría es tan alto que el afectado es capaz de crear verdaderos síntomas orgánicos y físicos de la enfermedad por la que se haya obsesionado, como la aceleración de los latidos del corazón o disfunciones digestivas.

Nadie está exento de convertirse en un hipocondríaco. Hay ilustres personajes a lo largo de la historia que padecieron hipocondría, como es el caso de Darwin en el s. XIX, que se preocupaba en exceso por las palpitaciones, fatiga y temblor de sus dedos, buscando con desesperación alguna explicación médica para sus malestares.

Hoy en día convivimos con un acceso a información ilimitado que era impensable siglos, incluso décadas atrás. Esta sobreinformación ha incrementado los casos de hipocondría, ya que Internet se ha convertido en una enciclopedia en la que confiamos sin conocer la procedencia de la fuente, que en algunos casos no informa, sino que desinforma y aceptamos sus argumentos como válidos y de total confianza.


 “Dale un síntoma a un hipocondríaco y se preocupará un día. Dale acceso a Google y se preocupará toda la vida”


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